De repente a nuestra sociedad vuelven los estereotipos políticos. Algo que si nos remontamos hace 5 años atrás, en las elecciones del 2003 era imposible de ver por la pluralidad de ideas. Ahora parece que todo está concentrado en unos pocos términos, y entre ellos, los más significativos. Peronistas. Gorilas. Ruralistas
Peronista
El hombre peronista es “hombre del pueblo”. De clase obrera trabajadora, su padre también lo fue. Adhiere al gobierno popular. Simpatiza con el socialismo, gusta de Chávez y no está de acuerdo con el imperalismo. A pesar de que en público diga que no, Montoneros y el ERP fueron grandes grupos de batalla por la revolución. Va a la plaza siempre a apoyar al gobierno y allí desgusta un buen tintillo con un choripán. Típico peronista medio.
Gorilas
En su base histórica podemos decir que “se denominaba gorila a la ultra derecha que se opuso al gobierno Peronista de los años 1946 - 1955 y por extensión a todo aquello que se opone y opuso hasta estos días a cualquier experiencia política popular”. Gustoso de personajes como Patti, Sobisch, López Murphy, Blumberg, incluso alcanzando a veces al zurdaje goriloso que podría ser Carrió. Todo vale. Es clase media y alta. Las cacerolas son su caballito de batalla. Típico gorila medio.
Ruralista
Apareció ahora pero siempre estuvo presente. Acá hablaremos de los dueños de campos y no de los trabajadores. Se calló durante 6 años de porvenir exportador en dólares. Protesta como piquetero, pero ellos son “trabajadores”. Busca justicia en su reclamo. Tiene su 4×4 para trabajar. No está de acuerdo con el gobierno y sabe como apretar dónde más duele. Se mueve de acuerdo a su conveniencia. Típico ruralista medio.
En fin, sin ofender a nadie con esta irónica búsqueda de conceptos, todo surge por la situación que se vive en la actualidad entre el campo y el gobierno. No está mal ser de una vereda o de la otra. O no pertencer a ninguna, como en mi caso. Todo pasa por dónde se vea y quién lo vea, ¿cómo definirías a los tres estereotipos?