No quiero un trabajo para toda la vida

El trabajo que antes se heredaba, las empresas en las que se hacía carrera o los puestos vistos como una aspiración, pasaron al olvido. ¿Ponerse la camiseta? No: ahora, los jóvenes profesionales tienen la cultura del “toco y me voy” y saltan de empleo en empleo. Buscan flexibilidad horaria, desafíos profesionales, un ambiente agradable, buen salario y seguridad contractual. Y, aunque están bien calificados, siguen capacitándose.
Lo que en los 80 se pregonaba como el “balance life” -esto es, partir el día en tres y dedicarle 8 horas al trabajo, otras 8 a la familia y las restantes al ocio- mutó en los 90 en precarización laboral. Hoy, la percepción de los jóvenes sobre el empleo vuelve a cambiar.
Ya no existe la identificación con la empresa y el foco está puesto en rotar de empleo para así sumar experiencia. “Sí valoran el trabajo, pero esta valoración está relacionada con el ingreso y no con la permanencia como fuente de identidad”, explicó Ana Miranda, investigadora del Conicet y coordinadora académica del Programa de Investigaciones de Juventud de FLACSO.
¿Es tan así?
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