Frase de viernes
“Y a pesar de las palabras, tu silencio es más profundo y más atroz”
Luis Alberto Spinetta
Luis Alberto Spinetta
Despertar con dolor en las encías, contracturas en el cuello o la impresión de que los dientes se están por desprender es una sensación común entre aquellos que sufren de bruxismo, el hábito de apretar o rechinar la mandíbula durante el sueño.
Existen dos clases de este reflejo neuromuscular involuntario. El bruxismo céntrico, que consiste en apretar los dientes en puntos determinados de la boca ejerciendo una fuerte presión, y el excéntrico, que implica además un frotamiento de las mandíbulas o rechinamiento de los dientes. Se estima, según diferentes estudios, que alrededor de un 20 por ciento de la población mundial sufre este mal.
Los síntomas más comunes son: dolores en la mandíbula, músculos masticadores, cabeza y cuello. Contracturas al levantarse, desgaste dental, rotura de piezas o arreglos y movilidad en los dientes. En los casos más severos, el bruxismo puede llegar incluso a dificultar el habla. Éstas son las conclusiones más importantes que se destacan de la nota de La Nación.com. Un video que habla más sobre el tema:

A nadie le gusta estar de mal humor o sentirse un gruñón. Sin embargo, parece que un estudio concluyó que este estado de ánimo, aparentemente negativo, da ciertas ventajas a las personas que lo transitan. Según la investigación el mal humor hace que las personas estén más atentas y piensen más claramente, con lo cual toman mejores decisiones en los escenarios complicados.
Al parecer, esto se debe a que el cerebro cambia la estrategia que usa para procesar información de acuerdo al estado de ánimo predominante. En conclusión, las personas más alegres y dicharacheros tienen la ventaja de volverse más creativas. Su buen ánimo los torna más flexibles y adaptables, así como más propensos a trabajar bien en equipo y a ayudar en la dirección del esfuerzo conjunto. Sin embargo, los gruñones se concentran más fácilmente y reflexionan mejor. Gracias a esta ventaja, pueden manejar mucho más eficientemente las situaciones complejas o difíciles.
¿Vos de que lado preferís estar?
Un excelente test para saber si en verdad somos o no superticiosos:

Los optimistas no progresan demasiado en la vida. Éste es el concepto –pesimista, claro– que sobrevuela un estudio realizado por la Universidad de Nueva Gales del Sur, ubicada en Australia, y publicado por la revista Science. De acuerdo con esta investigación, el mal humor es un estado de ánimo perfecto para tomar buenas decisiones.
Mientras que la gente feliz, si bien es mucho más creativa, no acierta en resolver momentos clave de manera adecuada. “La gente con mal ánimo es menos crédula y eso ayuda a tener un pensamiento más reflexivo –dijo a Science el psicólogo Joseph Forgas, a cargo del estudio–. Una persona irritable puede lidiar mejor con situaciones más demandantes que un individuo feliz, por la forma en la que el cerebro promueve estrategias de procesamiento de información”.
Ah bueno, ¿qué les quedará a ustedes por hacer, ser
malhumorados o ponerle una sonrisa a la vida?

A la gente que medita ya no la tratan de esotérica ni de loca que habla con las tostadas. La meditación se empezó a aplicar tanto en empresas como en cárceles, tanto en sofisticadas fundaciones internacionales como en gimnasios de barrio.
La meditación ya no es un capítulo inexpugnable del esoterismo. Hoy se debate en los programas de salud en la tele. Las celebridades defienden sus virtudes. Las empresas tienen programas de yoga y meditación —en nuestro país, por ejemplo, lo tomaron el CityBank, la Universidad Di Tella, Boston Consulting Group y Procter and Gamble—. Y existen proyectos ahora mismo para llevarlo a las escuelas.
Meditar no es lo mismo que reflexionar, aunque a veces se use estos términos como sinónimos. Meditar es replegarse sobre sí mismo, tomar distancia de la propia vida, observarse. Meditar es darse cuenta básicamente de que uno no es el que piensa. Uno es otra cosa. La nota completa acá.
Y vos, ¿te tomas tu tiempo para meditar?